Biografía2019-01-17T17:36:01+00:00

Mi Biografía

Asturiana de nacimiento y corazón, llevo muchos años viviendo en Madrid, ciudad que me adoptó como una hija y en la que he construido mi hogar, una ciudad en la que nadie se siente extraño. Tengo la ilusión de pasar los meses más fríos del invierno en un algún lugar mediterráneo mirando al mar. Todo llegará. Echo de menos el olor a sal y un par de veces al año necesito escaparme a ver las olas romper contra las rocas.

Estudié Derecho y Administración y Dirección de Empresas porque era lo que se esperaba de mí, aunque yo soñaba con ser científica, criminóloga o piloto de aviación. No salió mal: tuve una carrera profesional emocionante en la empresa multinacional. Estuve varios años en la alta dirección donde tuve oportunidad colaborar con gente de distintas culturas y aprender valores que ahora forman parte de mí.

Cuando me quedé embarazada de mi hijo Álex tuve que hacer varios meses de reposo domiciliario y empecé a escribir. La escritura me enganchó, así que continué en la baja maternal, a ratitos cortos, mientras el bebé dormía, entre tomas y cambios de pañal. Sentí que había encontrado mi gran pasión y que quería empezar una nueva aventura como escritora.

Mis padres me contaban que aprendí a leer muy pequeña y lo hice preguntándole a ella lo que ponía en los carteles de las tiendas. Dicen que iba por la calle repitiendo cosas como: Pescadería, Carlos, Mercería Lola, o Bar Restaurante Casa Fermín. Cuando llegué al colegio sabía leer y escribir, así que mi profesora, la señorita Nieves, una mujer muy dulce y cariñosa, me daba libros de cuentos muy sencillos, mientras enseñaba a leer a las otras niñas.

Después llegaron los tebeos de Mickey Mouse, de Mortadelo y deZipi Zape, que devoraba de forma compulsiva. Comía, merendaba y cenaba leyendo a pesar de las protestas de mis padres para que dejara el libro mientras comía. Incluso tuve una época en la que me bañaba leyendo un libro. Casi todos terminaron con el papel arrugado por abajo porque se me terminaban mojando en el agua del baño.

Sin hermanos ni primos de una edad cercana a la mía, tuve una infancia solitaria, en la que la lectura fue mi gran compañía. De los Mortadelos pasé a Agatha Christie, con una colección de libros muy viejos, que habían pertenecido a mi abuela y que aún conservo casi entera, con el papel amarillento y casi marrón, y los releo de vez en cuando. Me fascinaban sus historias y aún lo hacen.

Mi madre nunca quiso comprarme libros, le preocupaba que pasara tanto tiempo leyendo, así que tenía que leer lo que había en casa, por lo que la elección de lecturas para una niña primero y una adolescente después fue más que curiosa. Con doce o trece años leí Carrie, de Stephen King y pasé varios años obsesionada con gente que soltaba fuego por los ojos. Pero sobre todo leí novelas de detectives y de espías que eran en aquel momento las que había en la casa.

En esa época encontré la novela de la que guardo mejores recuerdos: No solo de caviar vive el hombre, de Johannes M. Simmel, una divertida novela de espías ambientada en la segunda guerra mundial, en la que un banquero metido a espía que resuelve las negociaciones más complicadas a base de comilonas, de las que incluye la receta. Me encanta la cocina y uno de mis platos especiales, los moules mariniere, llegó a mí a través de la novela.

Siempre pienso que las innumerables horas que pasé rodeada de libros me hicieron ser quien soy hoy. Por eso empecé a escribir, porque me gustaría que mis libros le dieran a alguna persona la compañía y el refugio que los libros me proporcionaron a mí. No imagino mi vida sin las geniales tramas de Agatha Christie.
Confieso que lo de ser escritora fue muy fácil de pensar y muy complicado de llevar a la práctica.

Pronto me di cuenta de que debía aprender a escribir, que una cosa era tener una historia en la cabeza y otra cosa distinta era saber contarla de forma que el lector pudiera disfrutarla, así que empecé a estudiar en la Escuela de Escritores. Cuando terminé la primera versión de mi novela, Lo que Callan los Muertos, me pareció que estaba perfecta, ¡qué engañada estaba! La realidad es que necesitó varios meses de correcciones.

Por suerte, cuento con grandes profesores, con un mentor, que además de ser uno de mis referentes en novela de intriga española, es una de las personas que más sabe de literatura en este país y un hombre encantador, Jose María Guelbenzu, y con un club de betareaders que leen mis novelas cuando aún les queda mucho por corregir y opinan, comparten, me hacen ver las debilidades de la trama y los personajes y, en definitiva, forman una parte esencial del resultado final.

Cuando no escribiendo, estoy con mi marido y mis hijos, nos gusta salir todos juntos a tapear, a pasear por el campo y ver series en familia. Nuestra casa suele estar llena de niños, primos, hijos de amigos y amigos del cole. De vez en cuando, cocino y leo y siempre intento cumplir mis sueños.

ana lena rivera

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